10/19/2006

Mi Pobre Mata

La sembraba y la regaba, y la mata se moría. La volvía a sembrar y la mata no crecía, y siempre decía a mi esposo: --Yo no se que pasa con es mata, que la riego y la riego, y la mata siempre se muere-- Él nunca me contestaba ni decía absolutamente nada. Un día de esos que una amanece con los apellidos revueltos, me acerque hasta la mata y le dije: --"Mija", ¿qué quieres?, yo te doy agua todos los días, te pongo vitaminas, abono y siempre estoy pendiente tuyo...-- Entonces, me interrumpio la mata diciendo: --¡Mi Alma! ¿Sí como no?, muy pendiente que estas, más que todo cuando tu esposo llega rasca'o, y me baña con su roció cervecero.--

Julia Seveliche

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